ArtCraft, el pequeño descarado que expuso al gigante Adobe

El amo indestronable del diseño tiene un problema de relaciones públicas, y se agrava rápido.

ArtCraft, el pequeño descarado que expuso al gigante Adobe

El 30 de septiembre de 2026 nació en GitHub el repositorio de PhotoCraft, una réplica de Photoshop. Siete días después, su proyecto madre, ArtCraft, presentaba un paquete de siete aplicaciones gratuitas inspiradas en el catálogo de Adobe, y su página sumaba estrellas por decenas de miles. Su autor, Brandon Thomas, cuenta que levantó buena parte del trabajo con Claude Opus 5.5 y varios agentes de IA trabajando en paralelo. Visto así, es fácil concluir «Photoshop pirata», pero esta historia tiene más sustancia.

Pantallazo con logos e imágenes de programas para descargar.
Los siete primeros programas de ArtCraft; hoy son bastante más. Fuente: Instagram (@davidavilao)

Adobe y un trono con grietas

Durante décadas, Adobe fue sinónimo de diseño. Photoshop nació para retocar fotografías y los ilustradores se lo apropiaron a fuerza de costumbre. Luego llegó la suscripción: hace más de una década la compra única dio paso al arriendo mensual, y lo que antes se pagaba una vez pasó a facturarse para siempre. En 2024 la FTC demandó a la compañía por cargos de cancelación anticipada poco visibles y trabas para darse de baja; en marzo de 2026 llegó un acuerdo con 75 millones de dólares en «servicios gratuitos» para algunos usuarios. Fueron acusaciones y un acuerdo, sin declaración de culpabilidad.

A la suscripción se suma ahora un segundo contador: la IA generativa. Cada plan de Creative Cloud incluye una cuota mensual de créditos; quien la agota debe comprar paquetes adicionales, y los sobrantes vencen al cerrar el ciclo. Las funciones estándar de los planes Pro son ilimitadas, pero las premium, como el video o los modelos de otras empresas, consumen créditos.

Entretanto, Clip Studio Paint, Krita y Affinity ofrecían alternativas a precios razonables: las opciones ya estaban ahí, esperando. Adobe tropezó solo, antes de que ArtCraft existiera.

Manos de caricatura canjeando dinero entre ellas. Una lleva un logo rojo.
Adobe y la billetera de sus suscriptores, versión Supersónicos. Fuentes: Skyfire y Pngwing — Montaje: Oscar Hernández

Mucho mago y poco circo

ArtCraft lo desarrolla Storyteller.ai como proyecto de código abierto, escrito en Rust, con licencias MIT y Apache, ejecución local y versión web mediante WebAssembly. Según la documentación del propio proyecto, PhotoCraft implementa entre el 60 % y el 70 % de las funciones habituales, pero cubre apenas entre el 25 % y el 35 % del trabajo profesional. La compatibilidad con PSD es parcial y las herramientas básicas todavía fallan. Su autor prometió primero paridad total en un mes y después corrigió a un 99 % en meses. Un buen truco de magia, sí, pero el circo completo sigue en construcción.

La piratería tampoco aparece por ningún lado. El proyecto se declara una reimplementación «clean room»: observa cómo se comportan los programas, escribe su código desde documentación pública y afirma haber evitado siempre el código de Adobe. Es su descripción, y hasta el momento de publicar este artículo, ninguna fuente consultada reporta binarios crackeados ni código copiado.

Aun así, a ArtCraft le faltan dientes para destronar a nadie. Imitar de cerca el aspecto y la interfaz abre la puerta a reclamos de trade dress y a discusiones de patentes (vamos, el tipo de maniobras a las que a Nintendo se le hace agua la boca). Hasta hoy, Adobe guarda silencio, pero mi apuesta es que, si ese día llega, el proyecto durará disponible en su página web lo que dura una empanada a la salida de un colegio. Ninguna empresa seria confiará su producción a un software en fase alfa con futuro jurídico incierto y, seamos honestos, el artista que busque un reemplazo serio ya encuentra programas mejores y más completos en el mercado.

Interfaz de un programa de edición gráfica.
Interfaz de PhotoCraft, el editor de imagen de ArtCraft, con un aire muy familiar. Fuente: jacar.es

Desafío contrarreloj

Lo realmente relevante es el reloj. Replicar un programa de esa envergadura pedía equipos, años y muchas pizzas; hoy una persona con agentes de IA a su disposición entrega un borrador funcional en días. ¡Días! Lo que sale primero es una versión pre-alfa muy cruda, sí, pero la mejora llega a la misma velocidad que el borrador. La ventaja de tener un producto difícil de copiar se encoge cuando emularlo cuesta semanas.

Conviene mirar también el modelo de negocio: ArtCraft es gratis y se financia vendiendo acceso por tokens a su propio modelo de imagen, que convive dentro de las aplicaciones con modelos de terceros. Dicho de otro modo, el retador cobra por lo mismo que Adobe con sus créditos: la IA generativa.

Lo que sigue es solo opinión mía, tenlo presente: Adobe tiene pies de barro, y se le notan por su propia relación áspera con los suscriptores, más que por cualquier clon de ocasión. La historia abunda en líderes que se durmieron sobre el trono (Kodak inventó la cámara digital, pero se aferró al rollo de película, por ejemplo) y sospecho que en situaciones así la soberbia pesa más que cualquier repositorio.

Iconos varios de programas de edición.
Los programas de ArtCraft frente a sus equivalentes de Adobe, Microsoft y otros. Fuente: nymynet.com

HacheComics y el criterio para elegir herramientas

Cuando un clon aparece en días y un gigante tropieza con sus propios suscriptores, la mejor defensa es el criterio. En HacheComics lo convertimos en consultoría creativa con IA: acompañamos a ilustradores, estudios y marcas a elegir herramientas según su flujo de trabajo y sus posturas personales frente a ciertos procesos, y a declarar con honestidad en qué momentos interviene la IA, como propone el sello Artist Advisory – AI Inside, o a descartarla por completo. También ayudamos a evitar la dependencia de un solo proveedor, para mantener varias puertas abiertas. ¿Quieres revisar qué herramientas encajan con tu proceso? Escríbenos y lo armamos juntos.

Computador de escritorio como equipo de diseño.
Desarrollo de diseño de marca. Fuente: Oscar Hernández

Referencias

Escrito por

Oscar Hernández

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