El día en que el cómic fue sometido: si sangra, se puede derrotar

En nuestra entrega anterior del HacheBlog vimos cómo el pánico moral de un psiquiatra terminó instalando un régimen de autocensura en el mercado del cómic estadounidense, con EC Comics como su principal víctima y MAD como su única vía de escape. El Comics Code llevaba más de una década sentado sobre el pecho de la industria. Su existencia era un hecho, pero como bien dicen «las soluciones de hoy son los problemas del mañana». Las grietas empezaron a surgir. No llegaron todas del mismo lado ni con la misma actitud: unas nacieron en las calles, al margen absoluto del sistema; otras se abrieron paso por una puerta lateral que nadie había probado antes; y la última fue un golpe directo, llegado desde adentro de sus propias filas. Esta es la segunda parte de tan pintoresca historia, y en ella veremos cómo el aparato censor se empieza a resquebrajar.

Detalle de una ilustración de Robert Crumb: Zap Comix #1 se vende por primera vez en Haight-Ashbury, San Francisco (1968).
R. Crumb (1992, retrabajada en 2022). Fuente: Facebook.

El underground jamás pide permiso

El 25 de febrero de 1968, un joven ilustrador llamado Robert Crumb empuja un coche de bebé por las calles de Haight-Ashbury, en San Francisco. Adentro lleva una criatura grotesca, escandalosa: copias recién impresas de Zap Comix #1, las vende a veinticinco centavos cada una, directo en la cochina calle, sin distribuidor, sin editorial, sin nadie que le exija un sello de aprobación. Ese gesto casi artesanal fundó el movimiento Comix Underground. La equis, deliberada, marcaba la clasificación para adultos que el propio Code jamás había autorizado.

A Crumb se sumaron pronto S. Clay Wilson, Gilbert Shelton, Spain Rodriguez y Robert Williams, entre muchos otros, todos operando fuera de los puntos de venta tradicionales, fuera del alcance del Code por definición: si nunca entrabas al sistema, el sistema no te podía censurar. Sexo, drogas, política antibélica, todo lo que el Code llevaba trece años prohibiendo apareció sin cabestro en páginas fotocopiadas, vendidas directo al público y publicitadas voz a voz. El movimiento tambaleó fuerte hasta casi desaparecer hacia 1975, aplastado por una ola de juicios por obscenidad, pero para entonces ya había sembrado la semilla de publicaciones que vendrían después, como RAW, Love and Rockets y Vertigo, esta última de la mano del propio DC Comics.

Zap Comix #1 (1967), hoy certificado y calificado como pieza de colección. De «solo para intelectuales adultos» a objeto de museo.
Fuente: Biblio.com

Eisner contrata con Dios

Diez años después de que Crumb vendiera su primer número en la calle, Will Eisner encontró una maniobra distinta, bastante más elegante. En 1978 publicó Un contrato con Dios, y con él popularizó un término que hasta entonces nadie usaba con esa intención: novela gráfica. No fue solo un capricho literario (Eisner llevaba años queriendo contar historias más adultas y personales), también se trató de una jugada estructural: cambiar del formato de comic-book grapado, vendido en quioscos y sujeto al Code, al de libro de tapa dura, vendido en librerías, ofrecido como elemento de lujo, sacaba la obra por completo de la jurisdicción del censor. Fue el mismo truco que veinticuatro años antes había salvado a MAD, aplicado esta vez no solo como una maniobra de supervivencia, sino para posicionar un aura de justo prestigio.

Y ese reclamo no salía de la nada. Ya en diciembre de 1949, cinco años antes de que Wertham publicara su libro, la revista académica Journal of Educational Sociology le había dedicado un número especial a defender la lectura de cómics con rigor científico. La ciencia nunca estuvo unánimemente del lado del pánico moral; por desgracia la voz de Wertham resonó más fuerte en su momento dentro de los oídos más conservadores, más preocupados por encontrar un enemigo público que una solución. Eisner, tres décadas después, retomó esa defensa académica y la convirtió en objeto físico: un libro que las librerías podían tomar en serio.

Edición recopilatoria de The Contract with God Trilogy, de Will Eisner.
Fuente: Neet Stuff

Spider-Man desafía al Code

La grieta más audaz, sin embargo, llegó para sorpresa de todos desde dentro del sistema. En 1970, el Departamento de Salud, Educación y Bienestar de Estados Unidos, en plena Guerra contra las Drogas de la administración Nixon, le pidió a la mismísima leyenda Stan Lee que publicara una historia antidrogas en un título popular de Marvel Comics, una oportunidad única para demostrar que los cómics eran un medio divulgativo maduro y capaz. Stan aceptó el encargo con gusto. El problema apareció cuando el Comics Code se negó a aprobar cualquier mención de drogas, incluso en tono negativo, incluso si esa excepción la solicitaba el gobierno mismo.

Ante esta realidad, Stan Lee, con el respaldo del editor Martin Goodman, decidió publicar de todos modos. The Amazing Spider-Man #96, 97 y 98 salieron entre mayo y julio de 1971 sin el sello del Code en la portada. Esta publicación narró la caída de Harry Osborn en la adicción a las pastillas y sus consecuencias, así como el modo en que Peter Parker lo ayudó a escapar de esa trampa. Este desafío abierto fue un salto sin red: cualquier cadena de distribución podía negarse a exhibir un cómic sin el sello, y con eso hundir las ventas de la marca.

Sin embargo, nada de esto llegó a suceder, más bien todo lo contrario. El New York Times cubrió la historia con elogios, y a las oficinas de Lee llegaron cartas de padres, maestros y hasta líderes religiosos agradeciéndole el gesto. Con una sola maniobra limpia y elegante el Code quedó expuesto actuando en contra de su propio propósito declarado: proteger a los jóvenes. Quedó en ridículo justo cuando alguien decidió hacerlo de verdad, sin pedirle permiso.

Ahora el muro tiene fisuras y cualquiera las puede ver.

En la entrega final de HacheComics veremos vampiros, hombres lobo, mutantes poniendo la lápida, y las profundas secuelas de una larga batalla por la libertad de expresión.

Portadas de The Amazing Spider-Man #96, #97 y #98 (mayo-julio de 1971), publicadas sin el sello del Comics Code.
Fuente: Marvel Fandom (montaje particular)

🎭 BONUS

Fuente: Facebook. Montaje original de terceros sobre fotogramas de Los Simpson (20th Century Fox); traducción al español por Oscar Hernández.

REFERENCIAS